La historia del rey Shibi, el halcón y la paloma

Elegir entre la justicia y el amor

En esta leyenda del Mahabarata, se nos enseña que es posible elegir las dos cosas.


Cuenta la historia que el rey Shibi Chakravarthy era considerado el mas justo del mundo, famoso por su sinceridad y por mantener su palabra. Así que, un día, los dioses decidieron descender a la Tierra a poner a prueba su bondad. Agni, el dios del fuego, tomó la forma de una paloma (kapota), que voló lejos de Indra, rey de los semidioses y señor del cielo, que lo persiguió en forma de un halcón.


Estando el rey Shibi en los jardines de su palacio, vio a una paloma que venía hacia él con gran velocidad, perseguida por un halcón. La paloma, queriendo escapar de las garras del halcón, hacía frenéticos esfuerzos para ocultarse, y, al ver al rey Shibi, se escondió, asustada, en su regazo. " Oh, rey, salva mi vida, estoy bajo tu refugio".


El rey había jurado proteger a toda persona que se lo solicitara. De ese modo, los débiles y los discapacitados, no podrían ser explotados por los ricos y fuertes. Sin embargo, esta era una experiencia nueva para él. ¿Existía la obligación de proteger a un pájaro que buscaba refugio? Tras una larga reflexión, el rey decidió que incluso los animales requieren de amparo, igual que los seres humanos.

"No tengas miedo, mi pequeña paloma, ese halcón no será capaz de tocar tus plumas. Relájate en paz, no te preocupes". Y, diciendo esto, el rey Shibi se preparó para enfrentarse al halcón que se posó delante de él diciéndole: "Oh, rey, has ocultado mi presa. Por favor, déjala en libertad para que pueda apaciguar mi hambre y no morir. ¿Acaso las palomas no han servido de alimento a los halcones desde que el mundo era el que conocemos?"


El rey, turbado, vio el punto de la demanda del halcón. Se enfrentaba a un dilema peculiar: la protección de la paloma o privar al halcón de la presa que le correspondía. Así que decidió resolver el problema ofreciendo al halcón la misma cantidad de carne de su cocina. Pero el halcón insistió en que la paloma era su presa, y por lo tanto su comida. Tras un breve debate, el halcón cedió dejar en libertad a la paloma con dos condiciones.


"Sólo aceptaría una cosa", le contestó el halcón, "si sientes tal amor por esa paloma corta un trozo de carne de tu muslo derecho, del mismo peso que esa paloma, y dámelo". El rey Shibi Chakravarthy aceptó, pensando que unos gramos de su carne no le matarían, y que con ello la vida de la paloma se salvaría y también el mismo del gran pecado de no proteger a un débil.


El halcón puso la segunda condición: "si una sola lágrima cae de tu ojo, significa que estás siendo forzado a aceptar que la carne de tu cuerpo sea mi comida"


El rey estuvo de acuerdo y pidió unos cuchillos y una balanza. En un plato de la balanza se colocó a la paloma y en el otro lado, una gran parte de carne del muslo derecho del rey Shibi Chakravarthy. Pero por extraño que pueda parecer, el plato con la paloma siempre pesó más aún cuando se añadió carne adicional. De este modo, se cortó casi toda la mitad derecha del cuerpo del rey. Aun así, el peso de la paloma no era igualado.


Pero, una gota de lágrima apareció en el ojo izquierdo del rey. El halcón se opuso a este hecho, "Oh rey, no puedo aceptar la comida dada en peligro. La lágrima en tu ojo muestra que no estás satisfecho. Así que dame a mi presa de vuelta y podrás recuperar tu salud normal." Con una leve sonrisa en sus labios, el rey Shibi Chakravarthy dijo: "He aquí, oh halcón, el ojo izquierdo no está llorando por el dolor; se trata de una lágrima de alegría. Ahora la mitad izquierda de mi cuerpo también se utilizará para honrar la palabra que te he dado. Antes a la mitad izquierda se le había negado esta gran oportunidad de sacrificio; por lo tanto, mi querido amigo, el ojo izquierdo grita de alegría”. El rey Shibi estaba dispuesto en dar su vida a cambio de la paloma.


Este último sacrificio del rey Shibi Chakravarthy era inigualable en la historia. En ese momento, los dioses revelaron su identidad y Agni dijo: “Oh rey, soy Agni,Dios del fuego. Este halcón es Indra, Señor del Cielo. Vinimos a ponerte a prueba, y lo has logrado. Tu voluntad de proteger y donar a los necesitados y tu compasión hacia otros seres, es absoluta. Voy a hacer que las marcas que te provocaste al cortar tu carne, sean embellecidas de color del oro y emitan un perfume dulce, y ganes gran fama y seas respetado por los dioses y los Rishis. Un hijo va a brotar de tu flanco que se llamará Kapataroman. Y se convertirá en el más importante guerrero, un hijo a la altura de tu nombre, en posesión de valentía y gran belleza personal".


El rey Shibi Chakravarthy había pasado la prueba definitiva para defender su Dharma, el verdadero deber de cada ser. Se dice que este rey gobernó durante muchos años y después de su muerte fue directamente al cielo para disfrutar de los frutos de su karma.


La historia del rey Shibi ,el halcón y la paloma es hermosa, nos habla del sacrificio, de lo que estamos dispuestos a dar a cambio del bienestar del prójimo. Además, es un testimonio del amor hacia todos los seres vivos; ya sean animales y seres humanos.


Como todas las leyendas, la del rey Shibi presenta una estructura ética laminada, delicada y ligera, como un hojaldre recién hecho. En una primera capa, esta parábola celebra la compasión por los seres más débiles; la segunda capa nos recuerda la fragilidad del equilibrio del ciclo vital; en la tercera capa, la leyenda de Shibi entrelaza la idea de justicia con la mirada compasiva y respetuosa de la vida en su conjunto; la cuarta capa nos advierte de que no hay favor que no pese, que la gravedad moral de una paloma conlleva un peso infinito y que cualquier intervención en el curso del mundo compromete al universo en su conjunto


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